martes 29 de marzo de 2011

LIVIN´ EN INTERNET

Soy el enemigo número uno de internet. Y no creo que incurra en contradicción por hacer un uso diario e intensivo de este medio, ya que mi trabajo depende en parte de él. Es, simplemente, que no tengo otro remedio. También soy enemigo de los bancos, del mercado y de las grandes corporaciones, pero tengo cuentas abiertas en sus chiringuitos y formo parte de su clientela al igual que soy cliente –a la fuerza– del Estado. Peferiría, desde luego, que estos medios y poderes no existieran, o que fueran de otra forma; lo mismo que me gustaría que en el mundo no hubiera maldad, egoísmo, envidia ni ignorancia; pero es evidente que las hay y a lo mejor hasta son necesarias para que las muchas bondades que existen brillen con mayor intensidad. No lo sé. También es cierto que no necesito tener una cuenta en facebook o en twitter, que tampoco necesito tener este blog y que podría convertirme en un anacoreta, pues no hay nada cierto ni necesario en todo este tinglado, pero el caso es que –aunque solo sea por molestar– me gusta pasarme por aquí.

miércoles 16 de marzo de 2011

JAPÓN

domingo 27 de febrero de 2011

BOARDING BLOG SIGUE VIVO

Me duele comprobar cómo desde que me dedico profesionalmente a escribir cada vez me cuesta más actualizar mi propio blog personal. Este Boarding Blog lleva en activo unos cinco años, pero sigue sin cambios desde el pasado verano.
Como algunos ya sabéis en este último año he puesto en marcha una agencia de comunicación que me ha devuelto la vida en muchos aspectos (libertad de elección, responsabilidad plena y toma de decisiones, básicamente) pero que ha limitado mi capacidad de acción en cosas tan importantes como el poder dedicarme a escribir de forma lúdica, por ejemplo.
Todos los autónomos y emprendedores con los que hablo me dicen que esto es normal durante el período de consolidación de la empresa (algunos hablan de dos o tres años), pero que debo hacer un esfuerzo para no dejarme absorber totalmente por el trabajo. Vamos, que tengo que aprender a desconectar de vez en cuando para que mi mente no implosione... Y (digo yo que) si me estoy dedicando a lo que más me gusta pues bienvenidos sean el stress, la falta de sueño, las prisas y la incertidumbre. Lo resistiré siempre y cuando este año pueda volver a pasar mi mes reglamentario en la Cochinchina. Amén.

lunes 19 de julio de 2010

UNA HAPPY TARDE DE VERANO

Pintan 28 grados, demasiados para mi piel y para mi cabeza y mi coronilla, demasiados para una mente perdida en orientes lejanos y un cuerpo de clima frío. ¿Qué sentido tiene buscar aires acondicionados en un julio que, a pesar de todo, siempre vuelve? Intuyo la luz natural a un par de metros, en la ventana de un bar absurdo lleno de un montón de adornos indios también absurdos. El exterior es hoy tan verdadero como lo es la muerte. Al menos hasta que el sol se vaya. Tal vez entonces vuelva a encontrarte.

lunes 3 de mayo de 2010

LEONEL

Si quieres ver a Leonel tienes que ir a su casa porque él siempre está allí, al menos siempre que alguien va a visitarlo. Si me preguntas dónde vive, no te lo puedo decir, porque no lo sé; su calle no tiene placas con el nombre ni números en los portales, así que simplemente la encuentras cuando quieres hacerlo. Creo que Leonel siempre quiso vivir en un lugar al que no se pudiera llegar por casualidad, y de un modo u otro lo consiguió. Cada vez que quiero pasar un rato con él me pongo en marcha sin pensar en qué camino debo seguir; en coche, en bicicleta o a pie: no importa si salgo de mi apartamento en Bilbao o de una reunión cerca de la Avenida Diagonal; sólo conduzco o pedaleo o camino, y antes de que hayan pasado diez o quince minutos ya estoy allí, delante del jardín que tan cuidado tiene siempre. A veces lo encuentro podando los rosales mientras tararea alguna canción de Sinatra, o tomándose un café bajo el soportal de madera, atento a mi llegada, sin sorprenderse nunca. Una vez me dijo que si quería llegar en autobús tomara uno con número par y me bajase en la tercera parada. Lo he hecho alguna vez, desde distintos lugares, y al bajar del autobús nunca he tenido que caminar más tiempo del que tardo en fumarme un cigarrillo para llegar hasta la casa. Mi hermano dice que en abril de 1998, estando por un asunto de trabajo en Tokio, sintió la necesidad de hablar con Leonel (que es nuestro tío, por si no lo había mencionado), así que se metió en una boca de metro, subió a uno de los trenes, y tres estaciones después, al salir a la superficie, se encontró en medio de un parque, caminó por un sendero y al poco se encontró con Leonel, que lo estaba esperando con la cena en la mesa.

lunes 12 de abril de 2010

AYER, EN BARCELONA

miércoles 7 de abril de 2010

VIKRAM CHANDRA, EL REENCUENTRO Y UN MONO MECANÓGRAFO

La literatura hindú contemporánea, la que nos llega a través de traducciones aceptables después de consolidarse ampliamente en el ámbito anglosajón –cosas de la Commonwealth- pertenece a un territorio poco conocido por el lector de habla española.
A los hindúes les gustan las historias largas con dioses y serpientes, batallas, nobleza, traición, música –mucha música- y canciones; las historias con amor de madre, amor a la patria y amor romántico, con sabor a chappatis y especias, con mundos en trance de ser destruidos y gentes humildes pero sabias que unas veces se reencarnan en Brahmanes y otras en un mono descarado y ladrón que, al recibir un disparo vengativo, toma conciencia de su anterior existencia y escribe su historia en una vieja máquina de escribir para asombro de todos. Porque es así, con la toma de conciencia de un mono, como comienza Tierra roja y lluvia torrencial, de Vikram Chandra.
A Chandra lo conocí por casualidad -como suele ocurrir con los autores a los que más queremos- hará unos diez años, cuando trabajaba en Espasa y entre el lote de libros que me correspondía cada mes me encontré con Amor y añoranza en Bombay, un libro de relatos que comencé a leer sin demasiadas expectativas y que me enamoró por su calidad, por su ternura, y también por la crudeza con la que se describían desde la mirada cotidiana las glorias y miserias de la sociedad india actual.
De entre los relatos que componían Amor y añoranza… me gustó especialmente uno protagonizado por un policía recién divorciado cuya existencia se debatía entre el recuerdo vívido y doloroso del amor perdido y su contacto diario con criminales de todo tipo. Sartaj Singh -así se llamaba el policía- es uno de los personajes mejor perfilados con los que me he topado jamás, y lamenté mucho no saber más de él cuando terminé de leer el relato en cuestión. Recuerdo que lo leí varias veces pensando en todo el juego que daba este personaje, en lo mucho que me hubiera gustado saber cómo sería su vida después del atisbo breve e intenso de aquellas páginas.
La cosa quedó ahí, hasta que en el año 2007 Chandra publicó una novela monumental de cuya existencia no tuve noticia hasta dos años después (las lecturas cruzadas tienen eso, que no te fijas tanto en las mesas de novedades como en las ediciones de bolsillo, al menos en mi caso), cuando me encontré con Juegos sagrados en el salón de mis padres: mira, Vikram Chandra, pensé, y al ojear el libro descubrí que el protagonista no era otro que mi añorado policía, ahora ascendido a inspector, que se las ve con el mafioso más poderoso de Bombay y con sus propios fantasmas a lo largo de más de mil páginas.
Porque si aquí hay una cosa cierta es que mil páginas de Vikram Chandra dan para mucho. Eso sí: uno debe estar dispuesto a sacrificar cierta velocidad de lectura para consultar a menudo el extenso glosario de términos en sánscrito, urdu, hindí y otras lenguas de la India que se incluye al final de cada libro de este autor. Si se acepta el desafío, el lector se verá recompensado muy pronto por el ritmo de la acción y su extraordinaria riqueza de matices; por una prosa culta y desinhibida que te agarra de la solapa para llevarte por sucios burdeles, cocinas humeantes, despachos ministeriales, calabozos, calles donde la individualidad es anecdótica o los lujosos apartamentos de las estrellas de Bollywood.
Y así es como he llegado hasta un mono al que un disparo le despierta la conciencia, como siempre, a destiempo, pues Tierra roja y lluvia torencial es el primer libro de Chandra que se publicó en español ¿o tal vez no?

viernes 19 de marzo de 2010

lunes 22 de febrero de 2010

LA ESCRITURA DEL HORROR

Un título que ni pintado para la entradilla que venía a continuación. ¿Acaso la lívido era un travesti muy pálido que preocupaba especialmente a los dictadores del siglo XX? ¿Por qué cada día aparecen más y más fallos (que no son erratas) como este en la prensa? ¿Y por qué ya ni siquiera me quedo lívido del susto al descubrirlos? Ya no sé qué pensar, francamente. ¿Tan ciegamente se confía en los correctores ortográficos informáticos o es que no existe ya la figura del corrector humano en los diarios?

O tal vez sí existe, pero no se percata de semejantes horrores (!)

Este ejemplo está tomado de EL PAÍS SEMANAL de ayer (basta con hacer click en la foto si no se ve claramente) pero aquí no se libra nadie. Feliz lunes.

domingo 31 de enero de 2010

EL LIBRO ELECTRÓNICO (II)

Gran parte de las obras que conforman el acervo cultural de la Humanidad se han conservado a través de los siglos imprimidas en papel y, si bien es cierto que muchas otras se han perdido irremediablemente, parece que las palabras y los pensamientos se las han arreglado bastante bien para perdurar en el tiempo gracias a este soporte milenario y, posteriormente, gracias a la invención de la imprenta.

Escribo en un ordenador desde hace muchos años, como casi todo el mundo. Me resulta muy limpio, ligero y útil, sobre todo teniendo en cuenta lo difícil que me resulta descifrar mi propia letra pasado un tiempo. Sigo considerando, no obstante, que el soporte digital es inseguro, así que imprimo y conservo en papel las cosas importantes para leerlas después con mayor comodidad y también para llevar a cabo correcciones, ya que las erratas y errores no suelen ser tan evidentes en la pantalla como sobre el papel.

Actualmente, el archivo digital resulta imprescindible durante el desarrollo del proceso editorial, pero en ningún caso puede ser considerado como un sustituto del papel como soporte para la divulgación del libro (y no es que no tenga pensado vender algunos de mis trabajos en formato PDF, para facilitar su divulgación, pero se trata únicamente de una opción más). Por otra parte, es más fácil extraviar un ebook y todo el material que contiene que una biblioteca de 300, 1000, o 5000 volúmenes. Y, recordando a Ballard, ¿qué ocurriría si el mundo tal y cómo lo conocemos desapareciera y las sociedades humanas regresaran a un nuevo medievo (ahora no estoy pensando en ciertos países musulmanes) en el que no tuviera uso, por ejemplo, la electricidad? Pues ocurriría simplemente que los medios y soportes digitales (y los electromagnéticos) no funcionarían y que se perdería toda la información contenida en ellos. Los libros no precisan de energía para funcionar, pueden ser leídos a la luz del fuego y, en caso de necesidad, alimentar unas llamas moribundas para darnos calor. Hay quien se ha referido a ellos como a la rueda: una invención perfecta en la que pueden ser introducidas ciertas mejoras en tanto evolucionen los materiales que la componen, cosa que el (mal llamado) libro electrónico no hace.

La próxima mini-entrega de “El libro electrónico” estará dedicada al impacto ecológico que supone el invento; la siguiente, a los derechos de autor.

Este análisis puede resultar poco profundo, pero qué queréis, los textos largos no se leen bien en la pantalla de un ordenador.

lunes 25 de enero de 2010

DE MADRID AL CIELO

Otra tarde que se prolonga en el aeropuerto. A estas alturas no hace falta que explique que me siento a gusto en la promesa del vuelo, aunque el destino sea nada más que lo cotidiano. He pasado los últimos días en Madrid, visitando Fitur, con un viernes intenso y provechoso seguido de un sábado y un domingo agobiantísimos (los domingueros pueden acabar y acaban con la paciencia y la salud de cualquiera) y un lunes, hoy, rematado con contactos interesantes que me hacen volver a casa con las satisfacción del deber cumplido.

Estos días de comer solo me recuerdan a los viajes de verdad, aquellos en los que te concentras en conocer gente y disfrutas haciéndolo, porque no tienes a nadie que te distraiga.

Volaré con el último libro de Kenzaburo Oé publicado en español: Renacimiento, basado en el suicidio de Itami Juzo, el prestigioso cineasta y cuñado del Nóbel, quien se atrevió a denunciar las actividades de la jakuza y, según se dice, pagó cara la osadía.

¡Vaya! Por ahí se acerca un japonés.

viernes 8 de enero de 2010

LEVANDO ANCLAS CON ROGE BLASCO

Levando Anclas, el programa radiofónico dedicado a los viajes que conduce Roge Blasco y que cumple ahora 25 años de emisión, es un clásico dentro de la programación de Radio Euskadi. Este próximo domingo día 10 de enero tendré el placer de asistir al programa para charlar con Roge sobre los países del Sudeste Asiático y mostrarle algunas de las fotografías que he tomado durante los últimos años en el que sigue siendo mi rincón favorito del mundo. Levando Anclas se emite de 10 a 12 de la noche y, en principio, mi intervención tendrá lugar hacia el ecuador del programa, sobre las 11, prolongándose durante unos 15 minutos. Para quienes me leéis desde lugares donde no se sintoniza Radio Euskadi y os apetezca acompañarme, tenéis un enlace directo en la cabecera del blog (en rojo).

La fotografía es de Bangkok, primavera de 2008.

miércoles 30 de diciembre de 2009

EL LIBRO ELECTRÓNICO (I)

El que suscribe es un amante de los libros, también como elemento físico. Últimamente he comenzado a ver libros electrónicos por ahí: hay quien los lleva en el metro y parece ser que están ya lo suficientemente avanzados técnicamente como para ofrecer una imagen mate y sin reflejos que resulten molestos a los ojos. Así es como comenzaremos a almacenar varios Gb (Gigabites) de contenidos en un soporte pequeño y cómodo. Así es como algunos quieren leer las letras que tanto cuesta parir. Conversando con unos conocidos, me pedían el otro día que me posicionase a favor o en contra del invento. ¿Posicionarme? No es tan sencillo: siempre es peligroso caer en dogmatismos porque, al fin y al cabo, aún recuerdo cuando escribía a máquina y juraba que jamás usaría un ordenador, o cuando pensaba que de qué serviría tener la capacidad de almacenar 100 LP´s en un aparatito que cabía en la palma de mi mano… Así es, pero también resulta que el tiempo ha acabado por darme la razón en otros casos: El vinilo sigue sonando mucho mejor que los cedés (por no hablar de los formatos mp3, etc), la calidad de imagen de los televisores planos es una birria comparada con los Sony o Phillips de tubo, y ninguna cámara digital puede siquiera acercarse a los matices que capta la película fotográfica de nitrato de plata. ¿Posicionarme? Si me viera realmente obligado a hacerlo, a priori, lo haría en contra, pero llevado únicamente por un impulso romántico, nada más. Y nada menos. Yo nunca dejaré de leer en papel, a no ser que el papel desaparezca, o se convierta en algo caro como el oro, o que las peores previsiones de Ray Bradbury se confirmen y los libros se prohiban, en cuyo caso ya veríamos si actúo al margen de la ley o no. Me gusta pasar páginas, sentir el tacto y el olor del papel. ¿Fetichista? puede ser, pero no soy el único.

jueves 15 de octubre de 2009

LA BELLEZA

Hacerse promesas a uno mismo puede ser un asunto peligroso, sobre todo cuando hay testigos que se van a asegurar de que cumples con tu parte del trato. Y dicho esto:

Es mi propósito disfrutar y rodearme de la belleza siempre que puedo; de la belleza que invade los sentidos gratuitamente y también de aquella que surge de mi propio impulso, pues todos tenemos la facultad de crear cosas bellas, aunque muy a menudo nos obcequemos en hacer lo contrario.

La belleza, digo, me rodea y está presente en los objetos y hechos más simples -unas manzanas sobre la mesa de la cocina, o una caja de cerillas del club Bed-, pero también en el aroma que llena mi dormitorio ahora que las noches son largas y las mantas necesarias, o en el sonido de tu risa y el calor de tu aliento contra la piel de mi hombro cuando digo alguna tontería.

No quisiera teorizar sobre algo que apenas si alcanzo a intuir y cuya comprensión está reservada únicamente a los niños, pero la sencillez se me antoja en este propósito como una premisa válida: sencillez en la forma, sencillez en el pensamiento, sencillez en el vivir… también en el respirar y en el placer, claro.

La teoría es esto. La práctica, en cambio...

La fotografía es de Singapur. Está tomada en agosto, desde un avión con destino a Yogyakarta, Indonesia. ¿Por qué? Porque es una de mis fotos preferidas de este año (creo que es muy bella), porque aún no acabo de estar con los pies en este suelo tan frío y porque simboliza el estar siempre en movimiento. Fijaos si no en los barcos que surcan el mar.

miércoles 15 de julio de 2009

CIUDAD DE ÁNGELES

        Krungthep -Ciudad de Ángeles- es el nombre que sus habitantes dan a Bangkok y el mismo que he elegido para la exposición fotográfica que presentaré mañana jueves en b2 estudio, Bilbao.
        Como habéis podido comprobar, llevo varios meses sin escribir en el blog. He estado muy ocupado con nuevos proyectos pero siempre estoy aquí, aunque no tenga tiempo de subir entradas. Hoy mismo voy contra reloj con los preparativos de la exposición, pero pronto volveré a retomar el ritmo habitual de este espacio. Gracias a todos.
CIUDAD DE ÁNGELES 
Hasta el 15 de octubre en 
B2 ESTUDIO
Pedro Cortés 5, (metro Casco Viejo, salida Begoña) Bilbao

martes 21 de abril de 2009

BALLARD MUERE A LOS 78 AÑOS

-Ha muerto Ballard –me ha dicho mi madre cuando he abierto la puerta de su casa.

-¿Qué?

-Ballard, el de El imperio del sol, acabo de oírlo por la radio.

-joder… me hubiera gustado llegar a conocerle.

-Pues ya no vas a poder.

       Se le ha descrito como profeta del nihilismo global, visionario, escritor apocalíptico, narrador de la distropía. Pero me quedo con la definición que él mismo daba de su obra: “Un retrato de la psicología del futuro”.

      Ballard, James Graham Ballard, Jim, es para mí la admiración por los japoneses de los que fue prisionero durante su adolescencia, es el amor por las mujeres que lo amaron y la dedicación con la que crió a sus hijos, es su fascinación por los aviones que relucen al atardecer sobre el cielo de Shangai y los ojos cegados por el resplandor de la bomba atómica.

      Anteayer mismo, la noche del 19 de abril, le dije a una chica muy bonita que me quedaban sólo 25 páginas para terminar de leer La bondad de las mujeres, pero al final ni ella ni yo leímos mucho. A Jim le hubiera gustado. 

jueves 2 de abril de 2009

PREGUNTAS EN EL AIRE

Todo el mundo sabe, y a quien no lo sepa se lo cuento ahora, que existe la prohibición de servir bebidas alcohólicas en los aviones que sobrevuelan el espacio aéreo de Arabia Saudí. “Señores pasajeros: les comunicamos que a partir de este momento y hasta que hayamos rebasado el espacio aéreo Saudí no se servirán bebidas alcohólicas a bordo”, es lo que suele decir el comandante de la aeronave, llegado el momento. Los interrogantes que acuden en tropel a mi mente con respecto a este asunto son varios y, aunque ingenuos en apariencia, no dejan de antojárseme ineludibles, por ejemplo: ¿Qué pasa si un rato antes (sobrevolando Egipto, por ejemplo) la azafata me ha servido un copazo de whisky y yo me lo estoy tomando con la parsimonia que corresponde, y resulta que tengo el vaso medio lleno encima de la mesita? ¿Tendrá la eficiente auxiliar de vuelo la obligación de arrebatarme la bebida maligna? Bien, si viajas en primera clase no hay problema: llegados al Océano Índico se pide otro whisky y en paz. Pero, ¿y si viajas en clase turista y has tenido que pagar la copa?* ¿Te devuelven la pasta? Supongamos que no: si soy tacaño puedo vaciar el vaso de un trago pero, ¿acaso la bebida que tengo en el estómago (y que más tarde pasará a mi flujo sanguíneo) no me convierte en violador de las leyes coránicas? ¿Debo correr al lavabo y expulsar de mi cuerpo todo el líquido pecaminoso? No sé.

Y todo esto, claro, suponiendo que no viajas en un aparato de la compañía Saudia, ya que en su oferta de lujo asiático volante no se incluyen los lingotazos del personal, aunque se esté sobrevolando Escocia.

Me da por volver a pensar ahora en todo esto porque hace unos años escribí un reportaje sobre controladores aéreos y en la torre del aeropuerto de Bilbao me explicaron que a partir de un techo de 21000 pies -7000 metros- el control terrestre no tiene responsabilidad sobre el tráfico aéreo. Entonces, teniendo en cuenta que la altitud media de los vuelos comerciales es de 27000 pies, ¿a qué altura considerará Alá que se está fuera de su jurisdicción? ¿Ejerce Alá su influencia únicamente sobre el espacio aéreo de la Península Arábiga (porque me parece que en Yemen, Omán y en los Emiratos las cosas van por el estilo)? Y ya que estamos: ¿Por qué tenemos que revivir el Medievo en el siglo XXI? ¿Acaso el primer precepto del Corán no dice que la fe debe ser libre?

Y sobre todo: ¿Por qué habrá tantas cuestiones sobre las que no está bien visto preguntar?

*(hay al menos dos compañías aéreas en las que las copas son complimentary en clase turista, pero no pienso desvelar el secreto tan fácilmente)

jueves 26 de marzo de 2009

EN EL REGAZO DE LOS DIOSES

Cada cierto tiempo suelo volver a plantearme qué interés puede tener el seguir escribiendo cosas en un blog y si realmente existe una necesidad de comunicación tan importante que obligue a dejar constancia de uno mismo a través de textos superficiales y opiniones que lo mismo podrían expresarse en la barra de un bar a las cuatro de la mañana.

Pero el elogio de la superficie puede reportar interesantes beneficios como amistad, simpatías, admiración, cariño, enemigos inteligentes, o incluso puede despertar el deseo y la curiosidad de ciertas personas a quienes les gusta asomarse a estos mensajes casi siempre tomados de la realidad -y que me dedico a manipular convenientemente antes de hacer públicos porque ningún texto es inocente, nunca-, creyendo tal vez que realmente están pudiendo acceder al interior de una persona a través de la pantalla de su ordenador.

Marzo es un mes especial para mí. En marzo cumplen años estos huesos, corazón y mente (el alma es mucho más antigua) y es ahora, regido por Marte, cuando aprovecho como cada año para mirar a mi alrededor y hacia adentro. Esta vez -por primera vez- sé que lo estoy haciendo mejor que nunca.

Pienso en esto porque me gustaría haber podido hacer muchas más cosas de las que luego tal vez arrepentirme, lo cual siempre es mejor que arrepentirse de no haber hecho nada. Pienso en esto porque sé que no son los demás quienes me decepcionan;  la decepción es algo propio y no merece la pena tratar de cargársela a otros sino intentar no decepcionarse nunca uno mismo.

Pienso en esto porque vivo rodeado de gente que me quiere y he necesitado muchos años para darme cuenta y estoy agradecido.

Pienso en esto porque me gusta estar solo aunque ahora preferiría estar contigo y quizás odiarte después, o no, pero eso lo sabré dentro de no mucho, cuando te atrevas a ser quien eres.

Soy libre. El ruido de mis pasos es más fuerte que el de los eslabones de la cadena que caen al suelo y se rompen.

Tendré que volver a escribir sobre zapatos.

P.D. ¿Y qué tiene que ver la foto del smoking room con todo esto? Pues nada -o sí-, pero tenía ganas de ponerla hacía tiempo, aunque esté mal encuadrada, sin luz, etcétera, etcétera.

  

sábado 21 de marzo de 2009

LIE, LIE, LIE!

 
Lalalalalalalala lie lie lie
She took my hand and I let her go
She broke her little bones
On the boulders below
Took my hand and she ended it all
Broke her little bones on the boulders below
And while she fell, I SMILED.
Perpetrado por Serj Tankian
Disfrutadlo.

martes 10 de marzo de 2009

CHINA LLEVA 50 AÑOS ASESINANDO EN EL TÍBET

Yo ya no sé que más se puede decir de todo esto.

BLACK & JACK

 

En mi despacho de Nairobi tenía una pecera con dos pequeñas carpas a las que Karen –una empleada de la embajada norteamericana con la que solía beber whisky y follar en las noches de calor asfixiante- había bautizado con los nombres de Black y Jack. Jack era de color rojo brillante y Black era, necesariamente, negro. Ambos tenían personalidades bien diferenciadas -si es que puede uno referirse a los peces en estos términos- y fácilmente extrapolables a una escala humana. El rojo era muy inquieto y nadaba a gran velocidad de un lado a otro de la pecera, incordiando continuamente a su compañero, que permanecía la mayor parte del tiempo cerca de la superficie y sacaba la boca fuera del agua, como si quisiera escapar de su prisión esférica y volar hacia otra dimensión más aceptable. 

Cuando llegaba la hora del almuerzo, Jack se lanzaba con voracidad sobre las apestosas escamas de comida para peces, llegando incluso a arrebatar el almento de la boca de su compañero. Black, por su parte, no parecía dar mayor importancia a los abusos del pez rojo y se contentaba con comer las migajas que tenía a su alcance, para retomar después su actitud contemplativa.

Un día observé que Black pasaba sumergido más tiempo del habitual en él; temí por su salud y adopté la costumbre de apartar con el dedo al pez rojo cuando echaba comida en la pecera, para que el despreocupado Black -por el que sentía una especie de solidaridad existencial-, pudiera alimentarse mejor. A pesar de todos mis esfuerzos el pez negro murió, lo encontré una mañana flotando en la superficie mientras el otro gordo maldito nadaba a sus anchas y aun se permitía mordisquear el cadáver de su congénere, que hedía a putrefacción.

Dos días más tarde -recuerdo que era siete de agosto, que era viernes y que había tenido problemas para arrancar el Land Rover- iba camino del aeropuerto para recibir a un grupo de médicos británicos, cuando a un tipo con turbante le dio por volar la embajada estadounidense. Hubo más de doscientos muertos en el atentado, Karen estaba entre ellos. Mi despacho, situado en el edificio contiguo a la embajada, quedó devastado por la explosión. Después de aquello regresé a Europa. Nunca he vuelto a tener peces, pero aún hoy veo muchas veces a Jack coleando con furia entre los restos humeantes del despacho, resistiéndose a morir. Cuánto le costó morir.

 

martes 3 de marzo de 2009

DESAPRENDER

Así era yo con dos años y medio un domingo campestre cualquiera. Atentos a la expresión. Ni siquiera entendía las noticias pero ya me encabronaban. Hará unos cuatro años que no leo la prensa más que los fines de semana, y no siempre. A eso se le llama desaprender. 

lunes 16 de febrero de 2009

ELECCIONES EN EUSKADILANDIA

Hola amiguitos, ¿qué tal estáis? Yo muy bien porque vivo en Euskadilandia. Euskadilandia es un país muy bonito en el que todo funciona chachi piruli, donde no hay crisis recesión, paro ni violencia (qué palabrota); un país en el que todos somos empresarios, un país en el que la calidad de vida está a años luz del resto del mundo. Además, en Euskadilandia nos sobra el dinero y todos tenemos un perro que no hace caca y una casita en la que podemos ver una tele que nos recuerda cada día lo bien que se vive aquí y lo estupendos que somos. Esta mañana de domingo no he tenido resaca, hacía un sol fantástico y una gente simpatiquísima me ha sonreído por la calle invitándome a votar por sus candidat@s. Y yo que ni siquiera me había enterado de que se acercaban las elecciones… ¡Qué gozada! Ahora me despertarán los altavoces de los coches con la musiquilla de los superpartidosguays a tope -con lo olvidada que tenía yo esa alegría mañanera, sobre todo los sábados y domingos- y tendré el buzón a reventar de sobres y propuestas para que las cosas sean más estupendas de lo que ya son por aquí. ¡Caramba! También se me había olvidado que en Euskadilandia es muy difícil decidir por quien votar, porque claro, aquí todos nuestros políticos son PERSONAS cuya máxima aspiración es el bienestar de los ciudadanos; son gente preparada y responsable dispuesta a dar lo mejor de sí mismos para que sigamos siendo así de especiales, guapos y macizos. ¡Qué suerte tenemos, jopé!

   

viernes 6 de febrero de 2009

UN COBARDE

Tan preocupado pensando en aquello que debe o no debe hacer. Nunca hace nada. Las normas conforme a las cuales se ha de afrontar la vida, las normas de los sabios; viejas normas que trata de asimilar con el fin de distinguir qué es lo correcto.

Tan rígido como para pensar que las normas pueden no ser las mismas para uno u otro individuo, menos aún para creer que él mismo podría ser el artífice de sus propias normas y vivir conforme a ellas. Ni siquiera puede imaginar que, además, podría promulgar y derogar dichas normas arbitrariamente, en función de las necesidades de cada momento, sin perder por ello una integridad que, de todos modos, no posee.

Lee libros con la esperanza de encontrar respuestas en las páginas escritas por otros, como si el papel tuviera la virtud de convertir en verdad -¡cuántos lo creen!- todo aquello que al final no es más que tinta que pesa, pero poco.

Busca respuestas que calmen sus miedos, pero cada libro habla de nuevas normas y cada norma invoca nuevos miedos: ¿seré capaz? ¿es esto compatible con lo que piensa aquel otro autor? ¿acaso comprendo realmente lo que aquí se quiere decir?

Y así siempre.

Las preguntas se multiplican -¡las normas!- y la acción nunca llega. Sólo el milagro sobrevuela su mente como un ave carroñera, sin llegar a tocar nunca la tierra donde él está, porque está vivo.

Ilustración de Daniel Madrid

viernes 30 de enero de 2009

PALABRAS FELICES

El blog, ponte al blog. Sí, ya lo sé, pero es que ahora escribo más que nunca y lo hago para mí, para mis cuadernos, quiero decir, a mano y con tachaduras, con cuatro o cinco documentos de texto abiertos a un tiempo en el ordenador por las noches, y quizás de todo ello salga algo que merezca la pena. O no.

El otro día estuve en casa de Natalia:

-¿Recuerdas aquel post sobre zapatos que escribí hará dos o tres años?

-Sí.

-Pues voy a escribir uno sobre zapatos de mujer.

Y Natalia, claro, tiene una gran colección de zapatos que fotografiar (y muchos bolsos y complementos a juego además, y muy buen gusto), cada uno con su historia, y calza un 36.

Hice muchas fotos pero, claro, tratándose de un tema tan inabarcable como el del calzado femenino no voy a hacer un monográfico sobre los zapatos de Natalia (que bien podría). Puedo fotografiar los zapatos de las chicas que van por la calle y puede ser divertido o me pueden abofetear; también puedo buscar imágenes en Internet, pero no tiene gracia, aunque alguna caerá, claro. En fin, que ahora es más difícil que en aquella ocasión en la que hablaba de mis gustos y mis zapatos y se acabó. Veremos qué sale de todo esto, me doy un mes tranquilo para recopilar información y escribir la entrada.

Mientras tanto sigo llenando cuadernos: hay un modelo nuevo –al menos para mí- de Moleskine, con 60 hojas cosidas y tapas de cartón negro flexible y poroso en un tamaño perfecto –más que un A5 y menos que un A4-, que resulta perfecto para las batallas de mesa. El resto del tiempo uso las clásicas libretas con goma de la misma marca o las servilletas de los bares, tanto da.

Gön me ha propuesto que le acompañe a un bolo que le ha salido en una de esas discotecas enormes a las que nunca voy; quiere que le haga unas fotos durante la actuación (lo de Gön merece y tendrá un post aparte), pero son muchos kilómetros y un ambiente tal vez demasiado hostil. Se ha reído mientras me lo comentaba: “un sitio de bakalas, niño”, ha dicho. Joder, que yo estoy muy mayor para esas cosas… ya lo estaba hace veinte años, así que imagínate.

Y para constatar una vez más que la ley de causalidad todo lo rige, ayer me encuentro con Etxeandia y me dice que esa misma mañana se ha acordado de mí. Casi diez años sin vernos. Y sigue siendo abogado, claro, pero ahora es además piloto, que a su padre no le hacía gracia que siempre hubiera querido serlo pero ahora está encantado con que lo sea. Y me ha puesto los dientes largos: “en un año puedes pilotar una Piper o una Cessna, tú no tendrías problema. Además, siempre te han chiflado los aviones”. Y tanto. Mira mi blog, amiguete. Etxeandia me ofrece salir a volar un día de estos y nos reímos porque todos los pilotos de su aeroclub están chalados y él también, claro, igual que siempre lo ha estado; pero es que ahora habla de la fuerza de sustentación, de ángulos de ataque, de fumarse un cigarrillo a 10.000 pies y, la verdad, son palabras felices. Buenas noches.

lunes 19 de enero de 2009

QUEDARSE

-Creo que debería usted comenzar por liberarse de su ira.

-Tal vez. De todos modos, le agradezco que no me tutee, de veras, es un bonito detalle por su parte.

-El ser ácido no le librará del malestar interior.

-No estaba siendo ácido. Es cierto que le agradezco la cortesía con que me trata ¿lo hace usted siempre?

-Con todos mis pacientes, si es a lo que se refiere. A no ser que prefieran lo contrario.

-Estoy seguro de que la mayoría de ellos lo prefiere.

-¿Que los tuteen?

-Sí.

-Sí, lo prefieren.

-Hablaba usted de liberarme de mi ira. Como si fuera un jersey que pudiera quitarme tal vez despeinándome sólo un poco.

-Es algo más complicado, creo que ya lo sabe.

-Claro que lo sé, y también sé que el tiempo vuela, igual que los billetes de mi bolsillo al suyo, así que centrémonos en lo importante: ¿seguiría siendo el mismo después de haberme librado de la ira? No se moleste en contestar, la respuesta es no. Así que tal vez no me interese librarme de una parte tan importante de mí, ¿no le parece?

-No es tan simple.

-Eso ya lo ha dicho antes.

-…

-Guarda usted silencio y espera que mi ira se canalice a través de las palabras, lo sé, pero hoy me siento inusualmente activo y creo que no me haría bien el seguir tumbado aquí, podría dormirme y, dado que últimamente me paso la mitad del tiempo durmiendo, preferiría hacerlo en mi cama, junto a un buen par de nalgas contra las que restregarme, a poder ser.

-Ahora sí que está siendo ácido.

-Joder, Watson, no da usted una. Yo soy dulce como una naranja valenciana, sólo que no encuentro a quien sepa exprimirme… Es igual que salir de un bar cuando ya no quedan más clientes, siempre lo hago. No me iré hasta que pare la música, el último borracho haya caído al suelo y todas las luces estén encendidas. Buenos días.

domingo 11 de enero de 2009

METAL Y AIRE

El tren de aterrizaje de un Airbus A380 soporta un peso de 560 toneladas a 150 kilómetros por hora al tomar tierra. La maravilla de ese momento es incomparable y aúna dos factores que son: a) la prevalencia de la rueda como piedra angular de la tecnología, y b) la sublimación de la voluntad del hombre que se sobrepone a sus propias limitaciones físicas haciendo que un objeto más pesado que el aire pueda sostenerse y desplazarse sobre él.
Hay pocas cosas que me gusten tanto como contemplar un avión surcando los cielos, despegando o aterrizando. Los aterrizajes son hermosos e imposibles, paradójicos: el metal flotante toma conciencia de su propio peso y se somete nuevamente al imperio de la gravedad cuando las gomas chirrían sobre el asfalto y el humo de la fricción se vaporiza en apenas un segundo. Es por obra y gracia del ingenio humano que la enorme cantidad de energía absorbida en el impacto se convierte en un suave respingo no siempre bien recibido por el pasajero, que se contenta con regresar a su humilde realidad después de haber sido intruso en un mundo –el de las alturas- que no le pertenece.
Ocurre con quienes vuelan muy a menudo –como ocurre con quienes realizan cualquier actividad de forma repetida y no casual- que dejan de perder la fascinación por un hecho que, de puro cotidiano, se les acaba antojando normal cuando no lo es. Hay quienes componen melodías o textos maravillosos y quienes son capaces de moldear la materia -ya sea papel, piedra, piel, acero...- para convertirla en una prolongación de su sensibilidad e inteligencia. También hay mentes que interactuan con otras para crear algo aún más grande. El hombre se vuelve animal cuando no sabe percibir las cosas a través de los ojos de un niño, cuando la maravilla da paso al hastío o la costumbre, cuando deja de apreciar la grandiosidad que lo rodea o no se sobrecoge ante algo que jamás hubiera sido posible sin la aplicación extrema de la voluntad puesta al servicio de un sueño.
Quien pueda maravillarse mil veces ante un hecho que se repite de forma mecánica y previsible será mil veces capaz de sentir la misma ilusión y no cansarse jamás de ella; podrá, simplemente, comprender que no somos más que el último y casi siempre menos importante eslabón de una cadena formada por todo aquello de lo que somos capaces.

lunes 22 de diciembre de 2008

¡ASÍ, SÍ!

El tipo de la foto se llama Hank. Encantado, igualmente.

Tengo un televisor que casi nunca enciendo; me aburre hasta las pestañas, y cuando emiten algo que merece la pena ser visto he de invertir demasiado tiempo mirando anuncios o los horarios no me cuadran. Veo cosas como Muchachada Nui en Internet (bendije el descubrimiento de La hora chanante y Grey´s Anatomy hará unos dos años, estando aquejado de una amigdalitis demoledora) y cada vez aguanto menos los informativos, con sus presentadores analfabetos que se hablan los unos a los otros en actitud de charla profesional-dinámica-apasionanate mientras tutean a la audiencia (perdón, televidencia) en tono callejero para acabar dedicando más de la mitad de su tiempo al fútbol. Y no es esnobismo, pero realmente hay que tener mucho valor o muy poco seso para aguantar lo que nos ofrecen (tómese en este caso el verbo ofrecer de forma absolutamente eufemística) sin levantarse para mear y de paso cortarse las venas.

Pero volvamos al tipo de la foto. Decía que se llama Hank. Acabo de conocerlo y ya se ha convertido en algo que apenas si recordaba que existiera: un ídolo. Y lo más gracioso de todo es que he conocido a Hank gracias a mi hermano, que ni siquiera tiene televisión en su casa (a mi hermano tampoco le haría mucha gracia saber que hablo de él aquí, pero da igual, no creo que lea este blog).

-Oye, Jon -me dijo el otro día-, hemos bajado de Internet una serie que te va a gustar.

-¿Tú crees?

-Sí, es descojonante… es sobre un escritor que no escribe.

-¿Y qué hace entonces?

-Follar, beber y meterse en líos… bueno, también escribe un blog, pero lo que hace, básicamente, es follar.

-Pues quiero verla ya. ¿cómo se llama la serie?

-Californication.

No sé en que canal se emite Californication ni la temporada por la que va, pero llevo vistos tres capítulos y la cosa no parece que vaya a decaer. Solo para adultos.

sábado 6 de diciembre de 2008

MIERDA

Tardo más, mucho más de 48 horas en reaccionar. Los vascos suelen preciarse –yo lo hago, lo he hecho- de ser nobles, honestos y fuertes. Mierda. Hoy no hablo de mí, es extraño, bondad graciosa. Los vascos: almas limpias, neuronas que funcionan. MIERDA. ¿El corazón? Noble –repito-, grande –algunos-, ¿la conciencia? Mierda. Mierda de asesinos, mierda de políticos, mierda de cobardes, mierda de españoles, mierda de gobierno, mierda de vascos, mierda de instituciones, mierda de declaraciones, mierda de gente mal follada, mierda de obreros, mierda de empresarios, mierda de ricos y pobres acomodados, mierda de inmigrantes idos y venidos que no saben o no quieren saber, mierda de cobardía, mierda de odio, mierda de miedo, mierda de gente que no piensa, mierda de gente que piensa lo que le dicen que piense, mierda de gente que no sabe pensar, mierda de gente que no se atreve a pensar, mierda de gente que piensa y no habla, mierda de personas que se han aburrido de pensar, mierda de ignorancia. Hoy soy Altuna, igual que ayer y que mañana, pero también soy Uria, y sólo pienso en una cosa: mierda, mierda y MIERDA.

martes 2 de diciembre de 2008

¿Y TÚ, QUÉ QUIERES SER DE MAYOR?

Una de las cosas que más nos diferencian a los niños de los adultos es la percepción del paso del tiempo. Nos diferencia, para ser más exactos, el que casi todos los adultos ocupamos tan mal nuestro tiempo y persistimos de forma tan abyecta en imaginar el futuro, que rara vez tenemos nuestras mentes y nuestros corazones puestos en el presente.

Por eso creo que cuando le preguntamos a un niño qué quiere ser de mayor lo estamos condicionando para que abandone su esencia genuina –la de ser un niño- e instándolo a que se convierta en lo que nosotros somos: unos seres alienados irreversiblemente. Esto ocurre así siempre, porque parece lo normal, pero es mejor no tener prisa, porque al niño no le importa en realidad ese futuro del que creemos ser dueños, y sólo contestará a semejante tontería para complacernos.

Los adultos, que somos niños cuyo tiempo vuela, cuyas almas se han endurecido, niños cuyos ojos y oídos necesitan de un “éffeta” salvador que los abra de golpe, deberíamos aprender cuáles son las cuestiones realmente importantes: “¿quién eres tú?, ¿qué estás haciendo?”. Son preguntas sabias, por eso sólo los niños saben formularlas. Y lo hacen. ¿Os habéis fijado alguna vez?

*Muchas gracias a Gonzalo Herrero por la nueva cabecera de este blog, por su compañía y por las piezas de Lego que, al desatascarse, forman cadenas de pensamiento interminables.

domingo 23 de noviembre de 2008

17 AÑOS SIN FREDDIE

24 de noviembre. Hace diecisiete años que Freddie Mercury abandonó un mundo que jamás estuvo a su altura. Hoy hace diecisiete años que murió Queen, pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión, como decía Ende.

No puedo siquiera permitirme elegir sólo diez o veinte canciones de Queen a las que considerar mis preferidas, pero Love of My Life es...

martes 18 de noviembre de 2008

¿DE QUÉ HABLA RAY LORIGA?

Vaya por delante que Ray Loriga es mi escritor español vivo preferido*, y no solo por afinidad generacional, sino por su estilo inconfundible y la notable evolución que ha experimentado desde aquel Héroes con el que le conocí, hace quince años. La prosa de Loriga te gusta o no, en mi opinión es brillante. Los temas que aborda cambian en función de su experiencia vital y su estilo se ha ido depurando con los años hasta alcanzar un nivel de cuasi-virtuosismo -si se me permite el símil musical- que seguirá haciéndose valer durante mucho tiempo (pero atención: si no os gustan las metáforas o el fraseo corto ni lo intentéis).

Han pasado cuatro años ya desde que publicó El hombre que inventó Manhattan y ocho desde Tokio ya no nos quiere o Trífero, mis dos obras preferidas del madrileño, así que podéis imaginar la impaciencia con la esperaba la aparición de su último libro. Aquí está:

Una calurosa tarde de junio, durante la Feria del Libro de Madrid de hace dos años, tuve la ocasión de charlar con Ray y volver a comprobar lo serio, amable y reservado que era. Estuvimos hablando de unos asuntos que no vienen al caso y en un momento dado le pregunté si estaba escribiendo algo:

-Sabrás que estoy haciendo una película –contestó- y de momento sigo totalmente centrado en ella.

-Sí –dije-, sobre la vida de Teresa de Ávila, algo he oído.

El tema era bien sabido y la película estaba ya en postproducción, así que me habló un ratito sobre ella pero al final no pude reprimirme e insistí:

-Bien pero, además del cine, volverás a escribir alguna novela ¿verdad?

Entonces Ray se encogió ligeramente de hombros y yo pensé que tal vez tendría que resignarme a esperar algún tiempo para poder volver a leer algo suyo. Antes de despedirnos nos hicimos una foto y me dedicó algunos libros para un amigo. Guardo un grato recuerdo de aquella conversación.

En los últimos meses me he ido enterando por casualidad de algunos episodios sobre la vida privada de Ray que han aparecido en diversos medios de comunicación y que no detallaré aquí puesto que no son cosas extraordinarias ni son asunto mío y me interesan poco a no ser que trasciendan a niveles puramente literarios.

El problema es que estos asuntos privados han trascendido a nivel literario. Me explico:

Todos los escritores trabajamos, en mayor o menor medida, basándonos en nuestras propias experiencias y creamos la ficción desde una cosmovisión que puede ser propia, asimilada o copiada (esta última opción es, en mi opinión, inaceptable), pero escribimos sobre nosotros mismos casi sin excepción, aunque sea a traves de personajes que supuestamente nada tienen que ver con nuestras vidas; nos idealizamos o denigramos, nos deformamos, exploramos lo que nos gusta u odiamos de nosotros mismos, plasmamos nuestra relación con el mundo y las personas que nos rodean de forma veraz o distorsionada, según la ocasión, y lo más interesante del caso es que muchas veces no somos conscientes de estar haciéndolo. La creación artística es un ejercicio de introspección destinado a ser expuesto ante los ojos de los demás, es una forma de exhibicionismo, y la literatura no es un caso aparte.

Pues bien: La semana pasada me acerco a mi bar preferido de Algorta con un ejemplar recién comprado de Ya sólo habla de amor, me siento en una mesa y comienzo a leer. Es él, Ray Loriga: hipnótico desde la primera frase, un poco más tierno cada vez conforme pasan los años, más pulido, más maduro, el estilo intacto. Ray describe el desasosiego de Sebastián -su protagonista en tercera persona-, tan humano, tan lleno de defectos y temores, tan rebosante de arrogancia y pasión dormida como cualquiera de nosotros, no hace falta tener gafas de culo de vaso para comprobar que se habla a sí mismo, a Ray Loriga, que se describe a si mismo, que se lamenta de su suerte, de sus pude y no quise y de sus quise y no pude. Bien, de acuerdo, una pajilla se le permite hasta a Yukio Mishima, si hace falta. Sigo leyendo: diez páginas, veinte, treinta. Me levanto y pido otra manzanilla (nada de alcohol antes de las ocho de la tarde). Sigo leyendo: bonita metáfora, subrayo algunas frases, anoto otras… cuarenta páginas, cincuenta páginas, sesenta, setenta… OCHENTA Y CUATRO páginas. Cierro el libro y enciendo un cigarrillo. Levanto a vista hacia la barra: Ruth me mira con displicencia mientras seca cuidadosamente unas copas; debe habérseme puesto cara de mala hostia. Estoy de mala hostia. Cierro el libro, lo dejo en la cocina al volver a casa y busco el consuelo en las páginas de Banana Yoshimoto.

Dos días más tarde me lo pienso un poquito mejor, vuelvo al bar y busco la dichosa página 84: Más de lo mismo. Me lo tomo con calma, con otra manzanilla, con varios cigarrillos y con mucha calma. Et voilà! El libro comienza en la página CIENTO ONCE, ahí estaba el truco; he hecho bien en perseverar en la lectura, éste sí es el Ray Loriga que me gusta, el que te cuenta cosas aunque parezca que no lo hace queriendo. La mala hostia de anteayer puede haber merecido la pena… sí, puede que hubiera merecido la pena tratándose de un libro de 300 páginas, pero Ya sólo habla de amor tiene 175. 

Siempre he recomendado apasionadamente y regalado libros de Ray Loriga a todo el mundo, pero no lo haré con este último. Ray pasa por un mal momento o se está quedando con nosotros y, francamente, ninguna de las dos explicaciones me satisfacen. Lo malo no es que ya sólo hable de amor (¿quién en su sano juicio no lo hace?) sino que nos ponga a los lectores a trabajar de psicoanalistas y encima tengamos que pagar por ello. No quiero decir nada más. Esperaré al siguiente libro.

 

*Sí, ya sé que Puértolas, Delibes, Sánchez Ferlosio, Regás, Marías, Antolín Rato, Tusquets, Vila-Matas, etc. etc. siguén vivos (y me gustan, por si alguien lo dudaba).