sábado, 22 de abril de 2006

Fortuna imperatrix mundi

Estos últimos días han traído consigo algunos cambios a mi vida errante y parece que la Rueda del Karma –o tal vez debería decir Fortuna, velut luna, statu variabilis, que por algo somos occidentales- me ha propinado la ansiada inyección de rutina y quehaceres interesantes que estaba esperando.


En este continuo aprendizaje que es la existencia me siento como quien cruza por primera vez las puertas de la Biblioteca de Alejandría y quiere asimilar todo el conocimiento de una vez, sin saber por dónde empezar. ¡Qué ingenuidad! Si algo he aprendido con los años es que lo único importante es el camino, y que no existe ningún lugar al que dirigirse, pues es en el propio caminar donde reside la esencia del conocimiento. Mi cabeza sin embargo, no puede evitar su tendencia insana a la dispersión y juega conmigo y me dice aquello de: la teoría Jon, eso es sólo la teoría. Siempre has sabido la teoría. Te pierdes en la teoría, ¿por qué no la pones en práctica? ¿De qué tienes miedo? Es muy cómoda la teoría, sí: te permite saberlo todo sin necesidad de una implicación directa; te otorga la facultad de la crítica, pero ignora que el error es consustancial al aprendizaje; hace que te creas superior pero niega la evidencia de que sólo existe un tipo de superioridad absoluta, y esa superioridad reside en la Bondad, que es la expresión última del Conocimiento. Pero esto lo sé únicamente en teoría.


Vivimos en la Biblioteca de Alejandría, o en la de Babel, o en aquella que Borges describía como infinita y cuyo nombre nunca recuerdo pero que no tiene ninguna importancia porque todas son la misma. ¿Qué puedo hacer, teniendo que habitar en semejante lugar? Podría buscar la garita del vigilante, en la que hay cocacolas, calefacción y un televisor para ver el fútbol, cosa que hace la mayoría de la gente, pero no creo que me agrade la compañía en este lugar. También podría escoger una de las salas, tomar un libro y seguir con sus vecinos de estantería hasta haberlos leído todos y extraer de ellos el máximo conocimiento sobre una sola materia; los que se inclinan por este proceder son quienes tienen una vocación y acaso, derivan ocasionalmente hacia otros temas que juzgan interesantes, pero no permiten que estas incursiones desvíen su atención del camino que se han marcado. Pero este tampoco es mi caso, por cierto. ¿Qué haré entonces yo, que no recuerdo en cual de las salas me adentré por primera vez, que no podría evocar el título del primer libro que abrí? Ahora sé que ya tomé una decisión, hace tiempo, aún involuntariamente: decidí permitir que fuera la Fortuna quien con su capricho me guiara de un estante a otro, de una sala a otra, por este camino incierto que me hace pensar a veces si no hubiera sido mejor meterme en la garita del vigilante, sentarme en una butaca y pagar con mi alma el precio de las cocacolas y el fútbol. Pero qué digo, ¿renunciar a mi alma, a la libertad, por semejante vulgaridad? Este camino puede que no conduzca al conocimiento, ni a la felicidad, pero es un placer recorrerlo. Y la fortuna sonríe únicamente a los audaces.

6 comentarios:

  1. Pues buen viaje.... uno más de los viajes de la vida.

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  2. jon, no pienses tanto... está claro que necesitas unas buenas vacaciones :-)ya he vuelto de vacaciones, pero el blog se me ha quedado atascado en un haiku enviado desde mi teléfono en Copenhague y no sale de ahí.Lo ves, unos demasiadas vacaciones y otros pocas.

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  3. Maravilloso tu post. Hablas de ideas que tengo desde hace días rondándome.Uno escoje uno de esos libros de las estanterías y dice: ¿es éste? y se instala a leerlo lo más cómodamente posible y el libro se le rebela y cobra vida y entonces el camino se hace un poco a contracorriente, aunque más placentero si cabe.¿Cuanta libertad tenemos en nuestra elección? ¿Cuanta nos dejan?Sigamos abriendo libros igualmente.Un beso Jon.(Al final este fin de semana no he ido a ver la obra de Arrabal, iré el que viene, ya te contaré) ;)

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  4. Ser lector hedonista es, si se puede, la mejor elección.

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  5. será el estigma de caín."La baja fortuna jamás se enmendó con la ociosidad ni con la pereza; en los ánimos encogidos nunca tuvo lugar la buena dicha; nosotros mismos nos fabricamos nuestra ventura, y no hay alma que no sea capaz de levantarse a su asiento; los cobardes, aunque nazcan ricos, siempre son pobres, como los avaros mendigos. Esto os digo, ¡oh amigos míos!, para moveros y incitaros a que mejoréis vuestra suerte, y a que dejéis el pobre ajuar de unas redes y de unos estrechos barcos, y busquéis los tesoros que tiene en sí encerrados el generoso trabajo; llamo generoso al trabajo del que se ocupa en cosas grandes". Miguel de Cervantes, en "Los trabajos de Persiles y Segismunda".

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  6. Que preocupación radica en el sueño fallido de viejas elecciones, vacías convicciones que de niños nos plantéabamos, locos juegos que nos envolvían fácilmente bajo el calor abrazador de la no preocupación por un futuro aún insierto, sería conveniente recordar aquella época y dejarnos adentrar en la biblioteca sin pensar acaso en que sala esperábamos entrar. y así una vez explorada, tratar tal vez de encontrar un lugar que nos brinde ese tierno abrazo que nos puede dar la seguridad.

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