viernes, 8 de diciembre de 2006

Sólo vivo, nada más

Hace algún tiempo, cuando aún no nos habían engañado con el Euro -unos pocos años o una eternidad, según se mire-, trabajé en una librería que hay en la calle Maestro Victoria de Madrid. Tenía allí un compañero llamado M que escribía poemas y otro, J, que era experto en Joyce y se había leído “Ulises” en más de cinco ocasiones –para que luego digan que los libreros no son gente aguerrida-. Pero iba a hablar de M: M escribía sus poemas en cuadernos y resulta que aquellos poemas eran buenos; nos los daba a leer a algunos de los que allí trabajábamos con una mezcla de modestia y ansia de reconocimiento que resultaba enternecedora, y los leíamos con gusto.

El caso es que M resultaba taciturno en ocasiones, solía andar por ahí con las flechas del amor clavadas en la carne y sabe Dios que estas cosas duelen si te mueves, así que M escribía, pero sin hacer ostentación de sus dolores, no como otros entre los que me incluyo, pésame. Una mañana, después de los cafés –coca cola y donuts para mí, nobody is perfect- me atreví a solicitar la dosis semanal de poesía a mi compañero pero él se disculpó con una sonrisa: “verás: he conocido a una mujer y ya no escribo más”, dijo. “¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra?” le pregunté. “Es que yo no puedo follar y escribir al mismo tiempo” explicó, “yo escribo cuando sufro, y cuando soy feliz sólo vivo, nada más” Y nos quedábamos sin poesías durante una temporada, pero al tío se le veía atender a las muchachas con el rostro iluminado y daba alegría verle, la verdad.

Me acuerdo mucho de aquellos tiempos –en parte porque comencé a trabajar allí estando bajo los efectos de undesengaño- y de la frase de M: “…sólo vivo, nada más”. Será porque a mí me ocurre justamente lo contrario, que necesito gozar de estados mentales apacibles para poder escribir, y en tiempos oscuros leo o veo películas o contribuyo al mantenimiento de las bodegas riojanas que tanto amo. También está la pereza, claro, y el miedo a los documentos de word en blanco, y la espera.

8 comentarios:

  1. Pues algunos tienen suerte. Yo no triste ni feliz doy una en cuanto a letras :)

    ResponderEliminar
  2. Acabo de ver tu blog por primera vez, pero me gusta...Si te sirve de consuelo, a mí me pasa igual que a tí...escribo mejor en los momentos de más felicidad...:)

    ResponderEliminar
  3. Jon/Jon, no hacía falta que lo confesaras, pues tu prosa ya había dejado bien claro tu vitalismo energizante y energético.

    ResponderEliminar
  4. Lo acabo de leer y tiene que ver, creo:"A más cómo, menos por que" de J. Wagensberg: (138) No sé qué es la felicidad, pero sí la infelicidad: una insatisfacción creativa.

    ResponderEliminar
  5. Yo creo que lo mejor es tener dificultades de comunicación verbal, eso potencia las ganas de escribir. Ya sea porque uno sea tímido, porque lo que quiera decir suene cursi en boca propia o porque prefiera uno el escudo del anonimato o del personaje.Da gusto estar por aquí de nuevo.

    ResponderEliminar
  6. Gracias Nicho, Pez, Noemi y a tí, anónimo. Feliz año nuevo a todos. No soy amigo de los buenos propósitos a comienzos de año, pero haré todo lo posible por dedicarle al blog algún tiempo a la semana, porque si no acabaré por abandonarlo o él me abandonará a mí. Hasta mañana.

    ResponderEliminar
  7. ponte al blog, que lo tienes un poco dejado.

    ResponderEliminar