domingo, 11 de enero de 2009

Metal y Aire

El tren de aterrizaje de un Airbus A380 soporta un peso de 560 toneladas a 150 kilómetros por hora al tomar tierra. La maravilla de ese momento es incomparable y aúna dos factores que son: a) la prevalencia de la rueda como piedra angular de la tecnología, y b) la sublimación de la voluntad del hombre que se sobrepone a sus propias limitaciones físicas haciendo que un objeto más pesado que el aire pueda sostenerse y desplazarse sobre él.


Hay pocas cosas que me gusten tanto como contemplar un avión surcando los cielos, despegando o aterrizando. Los aterrizajes son hermosos e imposibles, paradójicos: el metal flotante toma conciencia de su propio peso y se somete nuevamente al imperio de la gravedad cuando las gomas chirrían sobre el asfalto y el humo de la fricción se vaporiza en apenas un segundo. Es por obra y gracia del ingenio humano que la enorme cantidad de energía absorbida en el impacto se convierte en un suave respingo no siempre bien recibido por el pasajero, que se contenta con regresar a su humilde realidad después de haber sido intruso en un mundo –el de las alturas- que no le pertenece.

Ocurre con quienes vuelan muy a menudo –como ocurre con quienes realizan cualquier actividad de forma repetida y no casual- que dejan de perder la fascinación por un hecho que, de puro cotidiano, se les acaba antojando normal cuando no lo es. Hay quienes componen melodías o textos maravillosos y quienes son capaces de moldear la materia -ya sea papel, piedra, piel, acero...- para convertirla en una prolongación de su sensibilidad e inteligencia. También hay mentes que interactuan con otras para crear algo aún más grande. El hombre se vuelve animal cuando no sabe percibir las cosas a través de los ojos de un niño, cuando la maravilla da paso al hastío o la costumbre, cuando deja de apreciar la grandiosidad que lo rodea o no se sobrecoge ante algo que jamás hubiera sido posible sin la aplicación extrema de la voluntad puesta al servicio de un sueño.

Quien pueda maravillarse mil veces ante un hecho que se repite de forma mecánica y previsible será mil veces capaz de sentir la misma ilusión y no cansarse jamás de ella; podrá, simplemente, comprender que no somos más que el último y casi siempre menos importante eslabón de una cadena formada por todo aquello de lo que somos capaces.

6 comentarios:

  1. Cuando estoy en Málaga, no hay cosa que más me fascine que sentarme un rato en la terraza a contemplar como despegan y aterrizan los aviones. Como una espectadora con pase VIP. Me impresiona verlos en ese instante tan de cerca y no sólo me sorprende sino que me sigue sorprendiendo cada día más. Muchas veces me quedo pensando en el por qué de las cosas, desde cómo se mantiene en el aire un avión hasta lo más simple que nos rodea. Tienes razón, lo acabamos viendo normal y no somos conscientes de su magnitud.¡Aquí hay mucho que leer! Ya sigo con más tiempo en otro momento.Muchos besos niñiio, cuídate!

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  2. ¡Muchos besos volantes BIO-->SVQ, Marta!

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  3. Pero si no hacemos ni caso a la llegada del hombre a la luna... Borges siempre hablaba de los atardeceres. Lo que me costó apreciarlos. Ahora no pierdo ni ripio.Y lo mismo me pasa con los amaneceres y los crepús/culos, etc.

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  5. ¡Ja ja ja ja ja! ¡Los crepús/culos! Cuánta belleza hay en las esferas y redondeces que pueblan nuestro universo, señor Nicho. Un abrazo.En cuanto al comentario suprimido, Nú: acabo de enviarle respuesta por mail.

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  6. se Han cargado el plano del 380 que Hice, te enviare el original en flasH, en el que funcionen los botones y se ven las 3 cubiertas, de momento aHi va este:http://seatmaestro.com/airplanes-seat-maps/singapore-airlines-airbus-a380-1.html

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