Soy el enemigo número uno de internet. Y no creo que incurra en contradicción por hacer un uso diario e intensivo de este medio, ya que mi trabajo depende en parte de él. Es, simplemente, que no tengo otro remedio. También soy enemigo de los bancos, del mercado y de las grandes corporaciones, pero tengo cuentas abiertas en sus chiringuitos y formo parte de su clientela al igual que soy cliente –a la fuerza– del Estado. Peferiría, desde luego, que estos medios y poderes no existieran, o que fueran de otra forma; lo mismo que me gustaría que en el mundo no hubiera maldad, egoísmo, envidia ni ignorancia; pero es evidente que las hay y a lo mejor hasta son necesarias para que las muchas bondades que existen brillen con mayor intensidad. No lo sé. También es cierto que no necesito tener una cuenta en facebook o en twitter, que tampoco necesito tener este blog y que podría convertirme en un anacoreta, pues no hay nada cierto ni necesario en todo este tinglado, pero el caso es que –aunque solo sea por molestar– me gusta pasarme por aquí.
martes 29 de marzo de 2011
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1 comentarios a esta entrada.:
Pues ahora voy yo y digo ¡hola!
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